Ir al Pozo y a la Sed
El ruido exterior y la desconexión interior
En un mundo hiperestimulado, lleno de ruido exterior, de prisas, exigencias y distracciones constantes, resulta fácil maltratar nuestro mundo interior: negándolo, silenciándolo, tapándolo, menospreciándolo, burlándolo, ignorándolo, olvidándolo hasta alcanzar la completa desconexión. Y cuanto más ruido hay fuera, más ruido suele aparecer dentro. A menudo, en un torpe intento de aliviar ese malestar, buscamos todavía más ruido fuera: más novedad, más intensidad, más variedad, más fuegos artificiales y más estímulos, entrando en un bucle de sed existencial que termina alejándonos cada vez más de nuestra propia sabiduría interna.
El desafío de interiorizarse
Quizá uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo sea precisamente ser capaces de interiorizarnos. Dar un salto hacia dentro. Detenernos. Escucharnos. Comprendernos. Conocernos. Amarnos.
Ir al pozo y a la sed, y mirarlos directamente a los ojos. Sin prisa, sin miedo.
El trabajo interior
Y es que el trabajo interior no consiste en convertirnos en alguien diferente. Consiste fundamentalmente en liberarnos de las capas de condicionamientos, miedos, compensaciones, mandatos familiares e inercias educativas, sociales y culturales que hemos ido acumulando a lo largo de la vida.
A veces, el camino no es añadir más.
Quitar.
Simplificar.
Drenar.
Soltar.
Volver a lo esencial.
Volver a la esencia
Volver a aquello que te mueve por dentro, que te saca de la cama cada mañana, que te conmueve y te llena de vitalidad.
Aquello que siempre estuvo ahí, paciente, debajo de todas esas capas; abandonado, sí, pero intacto, inmaculado.
Lo paradójico es que solo aquello que se reconoce puede transformarse.
La Sed de Sentido
Porque cuando el ruido exterior se apaga, ya sabes que, tarde o temprano, reaparece la sed.
Esa sed de sentido.
De verdad.
De autenticidad.
De consistencia interna para manifestar la externa.
De encuentro contigo.










